
Ayer fue un día difícil. Un día de recuerdos pasados, presentes y futuros.
De palabras mal sonantes, y de aquellas que quedarán para siempre grabadas en la memoria y que no se borran con un lo siento.
La pelea en el momento menos indicado y con las palabras más hirientes,seguida de la escapada a gran velocidad de esas lágrimas impotentes cargadas de dolor y rabia.
Cuando no sabes qué hacer y solo piensas en huir, lejos, muy lejos, mas lejos,pero en realidad solo estás quieto, inmóvil,sin pensar, sin hablar, sin saber qué hacer y viendo como se aleja...y después de 20 minutos ahí parada, en medio de la calle, del caos absoluto, reaccionas y decides seguir.
Todos necesitamos una persona que nos guíe cuando no sabemos que camino escoger, porque siempre queremos el más difícil y peligroso, sabiendo que acabaremos mal.
Esa persona a mí me dió un consejo muy sabio en uno de los peores momentos.
Me dijo que uno aprende a construir sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. Y después de un tiempo, uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Y aprende a decorar su propio jardín y decorar su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende.
Y en realidad tiene razón. Creo que todos deberíamos empezar a decorar nuestro propio jardín, sin esperar que alguien venga a traernos flores. Ya llegará, y si se va... nuestro jardín seguirá precioso para toda esa gente que viene y va en nuestras vidas y quieras que no, forman parte de ella a su modo, decorándola un poquito más.